¿Compliance?


Walter Palomino Ramírez

En todos los países de nuestro entorno, la modernización ha traído consigo un fenómeno de “expansión” de la intervención penal; determinado, en principio, por la necesidad de atender a las nuevas formas de criminalidad propias de la sociedad del riesgo, que obedece a la existencia de nuevas realidades y conflictos sociales1.
Ello, como podrá intuirse, tiene un particular alcance en el ámbito de la empresa, debido, fundamentalmente, a su compleja organización y al rol que representan en la sociedad moderna, lo que da cuenta de su condición de centros de generación de riesgos2.
En su mayoría dichos riesgos son inevitables, pero, a su vez, necesarios para la subsistencia de la sociedad y el avance de la tecnología; no obstante, algunos de estos podrían derivar en la comisión de hechos delictivos, ya que, tras la compleja estructura empresarial, se aseguraría la impunidad de distintos fines ilícitos.
En efecto, desde una perspectiva criminológica, la empresa presenta particularidades que operan como factores clave para la realización de hechos delictivos, tales como: la división horizontal y vertical del trabajo, la descentralización de la toma de decisiones y el que los delitos puedan entenderse como “ilícitos sin víctimas”.
Todo aquello, ha llevado a que la doctrina alemana comprenda que la actividad delictiva desarrollada en el marco de una empresa se debe a una actitud criminal de grupo. Veamos entonces las principales características que hacen de una empresa un centro de generación de riesgos3:En todos los países de nuestro entorno, la modernización ha traído consigo un fenómeno de “expansión” de la intervención penal; determinado, en principio, por la necesidad de atender a las nuevas formas de criminalidad propias de la sociedad del riesgo, que obedece a la existencia de nuevas realidades y conflictos sociales1.

En todos los países de nuestro entorno, la modernización ha traído consigo un fenómeno de “expansión” de la intervención penal; determinado, en principio, por la necesidad de atender a las nuevas formas de criminalidad propias de la sociedad del riesgo, que obedece a la existencia de nuevas realidades y conflictos sociales1.

Ello, como podrá intuirse, tiene un particular alcance en el ámbito de la empresa, debido, fundamentalmente, a su compleja organización y al rol que representan en la sociedad moderna, lo que da cuenta de su condición de centros de generación de riesgos2.

En su mayoría dichos riesgos son inevitables, pero, a su vez, necesarios para la subsistencia de la sociedad y el avance de la tecnología; no obstante, algunos de estos podrían derivar en la comisión de hechos delictivos, ya que, tras la compleja estructura empresarial, se aseguraría la impunidad de distintos fines ilícitos.

En efecto, desde una perspectiva criminológica, la empresa presenta particularidades que operan como factores clave para la realización de hechos delictivos, tales como: la división horizontal y vertical del trabajo, la descentralización de la toma de decisiones y el que los delitos puedan entenderse como “ilícitos sin víctimas”.

Todo aquello, ha llevado a que la doctrina alemana comprenda que la actividad delictiva desarrollada en el marco de una empresa se debe a una actitud criminal de grupo. Veamos entonces las principales características que hacen de una empresa un centro de generación de riesgos3:

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